sábado, 9 de abril de 2011

Seguimiento de un Cadáver.

Uno, dos, tres golpes se sintieron al golpear el andén. Dos pasos, y el tercero que marca siempre su bastón de madera ya envejecida por el paso de los años (y de las oportunidades), estremecen todas las noches las tablas del pasillo que conduce a su lujoso penthouse. Se levanta muy temprano, según se lo indica su reloj individualista y por demás atemporal. Después de las noches de desvelo el mediodía es hora temprana para abrir los ojos. Y así ha sido todo en su vida, acciones fuera de tiempo, decisiones tardías o apresuradas, todo gracias a su particular reloj.

Hasta los días han perdido su valor en las manos de un ser que dice moverse pero que es sin duda un cuerpo inanimado. Quizá un ave enjaulada ostenta un grado mayor de libertad. Toda su existencia se ajustó y aún se ajusta a las exigencias de un entorno hostil y manipulador, así como lo ha llegado a ser él también. Abre sus “supuestas alas” y se pavonea de sus aparentes logros en presencia de sus conocidos, y tan pronto cierra la puerta de su inmensa morada, la misma inmensidad le hace sentir lo mediocre de su vida… lo vacuo en lo que todo a su alrededor se ha convertido.

Ni si quiera su gato sale a ver que su compañero de desvelo ha llegado, a pesar de golpear el bastón contra el suelo en repetidas ocasiones. Parece que el gato se ha ido, igual que todos los demás, quienes al ver esta existencia maquillada con logros ajenos y sueños frustrados, has decidido emigrar como las aves en invierno a un terreno más apto para la supervivencia y también “para la paz”.

Resultado de pensamientos pasivos que finalmente no llevan a nada, de planes no perpetuados, de metas que se vislumbran cada vez más distantes, de condiciones aparentemente perfectas pero desperdiciadas en voz de un ser incólume; es el ser forjador de su propio destino y asesino de sus propias huellas…

Entre los silencios prolongados de las noches frías y vacías, su alma le grita: ¡aún no es tarde! Pero él, casi que en un acto reflejo, toma su bastón y lo agarra con más fuerza que de costumbre, como si las alas de su pensamiento no le fueran suficientes para dar pasos concretos en pro de las acciones de cambio.
Creo que ya se ha echado a perder… Que ya ha entrado a hacer parte del conglomerado de seres que respiran pero que son inanimados en muchos sentidos…
Que si alguien le quita su bastón dejaría de ser lo poco que ha llegado a ser y a hacer… Creo que falta poco para que le quede nada. Es por eso

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